Si ves que tus dientes parecen más largos que antes, si un cuello dental se nota amarillento o si el frío te da un latigazo en una zona concreta, la encía se ha retirado y ha dejado la raíz al descubierto. Se llama recesión gingival, y cuando la pérdida de tejido es significativa, la solución es un injerto de encía: una cirugía de una hora, con anestesia local y resultados estables a largo plazo.
En Barbón Odontología Avanzada tratamos estos casos con microcirugía periodontal, y lo primero es averiguar por qué la encía se retiró. Sin eso, cualquier reparación tiene fecha de caducidad.
Qué está pasando en tu encía
La recesión gingival es el desplazamiento del margen de la encía hacia la raíz, que deja expuesta una parte del diente que debería estar cubierta.
La raíz carece de esmalte: está recubierta de cemento y, bajo él, de dentina, un tejido atravesado por túbulos microscópicos conectados con el nervio. De ahí el pinchazo con el frío, el aire o el cepillo, porque queda una vía directa hacia el interior del diente.
Hay dos consecuencias más: la superficie radicular es más blanda que el esmalte, así que se desgasta y se caria con facilidad, y la recesión rara vez se detiene por sí sola.
Por qué se retira la encía
Casi nunca hay una causa única: lo habitual es un terreno predispuesto sobre el que actúa un factor mecánico o inflamatorio.
Cepillado traumático. La causa más frecuente en pacientes con buena higiene, y la más paradójica: mucha gente daña su encía por esmerarse. El daño viene de filamentos duros, demasiada fuerza y movimiento horizontal de vaivén, acumulado durante años. Aparece sobre todo en caninos y premolares del lado contrario a la mano dominante.
Biotipo gingival fino. Hay encías delgadas y translúcidas por naturaleza, con el hueso vestibular igualmente fino. Es una característica anatómica, y quien la tiene se retrae con estímulos que en otra boca no dejarían marca.
Enfermedad periodontal previa. Cuando la infección destruye el hueso que sostiene el diente, la encía acompaña ese descenso porque se apoya en él. Ahí primero hay que controlar la infección: en nuestro artículo sobre la enfermedad periodontal y la pérdida de soporte óseo explicamos cómo se estabiliza. Injertar sobre una periodontitis activa es tirar el trabajo.
Inflamación mantenida. Este es el eslabón que muchos pacientes se saltan. Una encía inflamada de forma crónica pierde tejido de sostén y termina retrayéndose, y el proceso empieza con algo tan corriente como el sangrado al cepillarse propio de la gingivitis. Atender ese aviso evita llegar al quirófano.
Otros factores que se suman con frecuencia: dientes vestibulizados o girados con poco hueso por delante, apiñamiento, bruxismo, frenillos de inserción alta que tiran del margen al hablar, y piercings orales, que producen recesiones muy localizadas y de progresión rápida.
Qué es un injerto de encía
El injerto de encía es una cirugía que aporta tejido nuevo a la zona donde la encía se ha perdido, para cubrir la raíz expuesta y aumentar el grosor del margen gingival. Pertenece a la cirugía plástica periodontal, la parte de la especialidad que trata la forma y el volumen de los tejidos blandos.
El tejido se toma habitualmente del paladar, que dispone de conectivo denso y de calidad, y se coloca en la zona receptora bajo un colgajo que lo protege mientras se revasculariza.
Un punto que conviene tener claro: el objetivo es funcional antes que estético. Buscamos cobertura radicular para reducir la sensibilidad y el riesgo de caries, y grosor para que el margen resista el paso del tiempo. Ese aumento de grosor es lo que suele evitar que la recesión vuelva.

Los tipos de injerto y cuándo usamos cada uno
Injerto de tejido conectivo subepitelial. La técnica de referencia y la que empleamos en la mayoría de los casos. Se obtiene una lámina de conectivo del interior del paladar, dejando el epitelio superficial en su sitio, y se sitúa bajo un colgajo. Se integra en color y textura con la encía vecina, así que es la mejor opción cuando la zona se ve al sonreír, y la cobertura radicular que consigue es alta.
Injerto gingival libre. Se toma un fragmento con epitelio incluido y se sutura sobre el lecho preparado. Aporta mucho grosor y encía queratinizada resistente, con una contrapartida: el color puede quedar más pálido y contrastar. Lo reservamos para zonas poco visibles, cuando la prioridad es tejido resistente por encima del camuflaje.
Injerto pediculado. El tejido se desplaza desde una zona adyacente manteniendo su propio aporte sanguíneo, así que evita una segunda zona quirúrgica en el paladar. Buena opción cuando hay suficiente encía en un diente vecino.
Matrices alogénicas o de origen animal. Sustituyen al tejido del paladar cuando hay varios dientes a tratar o el paciente prefiere evitar la zona donante, con un grado de retracción algo mayor que el tejido propio.
Cuál te corresponde depende del número de dientes afectados, la altura de la recesión, el grosor de tu encía, la encía queratinizada disponible y la visibilidad de la zona. Esa decisión sale del estudio que hacemos en nuestra unidad de periodoncia y periimplantología.
Cómo es la intervención
- Estudio previo. Medimos la recesión en milímetros y valoramos el grosor gingival, la encía queratinizada, el nivel de hueso y la causa que lo originó. Sin corregir esa causa, el injerto se vuelve a perder.
- Fase previa. Si hay inflamación, sarro o una técnica de cepillado lesiva, se resuelve antes. Sobre tejido inflamado no se opera.
- Cirugía. Con anestesia local, entre 45 y 90 minutos según el número de dientes. Preparamos el lecho receptor, obtenemos el injerto, lo posicionamos y suturamos con material muy fino, bajo magnificación óptica. La microcirugía permite incisiones mínimas, suturas más precisas y cicatrización más rápida.
- Alta el mismo día, con pautas de medicación y cuidados por escrito.
¿Duele el injerto de encía?
Durante la intervención no vas a sentir dolor, porque la anestesia local cubre por completo tanto la zona receptora como la donante.
El posoperatorio molesta más en el paladar que en la encía injertada. Se describe como una quemadura leve, tipo pizza caliente, durante tres o cuatro días, y se controla bien con la analgesia pautada más una protección que colocamos sobre la zona donante. Con un injerto pediculado o una matriz no hay zona donante y esa molestia desaparece.
La mayoría de nuestros pacientes retoma su actividad normal al día siguiente.
Cicatrización y resultados
- Días 1 a 3: inflamación y molestia en el paladar. Dieta blanda y fría, sin cepillar la zona operada.
- Días 7 a 14: retiramos las suturas. El injerto empieza a integrarse y puede verse blanquecino, algo esperable.
- Semanas 3 a 6: el color se normaliza, el tejido gana consistencia y se reintroduce el cepillado suave.
- Meses 2 a 6: maduración. El tejido gana su grosor definitivo y el resultado se estabiliza.
En recesiones sin pérdida de hueso interproximal, la cobertura completa de la raíz se consigue en un porcentaje alto de casos. Cuando ese hueso ya se perdió, la cobertura es parcial por una razón anatómica: el tejido blando necesita soporte óseo debajo. La sensibilidad al frío suele mejorar de forma notable en pocas semanas, y es el cambio que los pacientes agradecen primero.
¿Volverá a retraerse?
Los seguimientos a largo plazo muestran resultados estables cuando se cumplen dos condiciones.
La primera es que la causa esté corregida. Si la recesión venía de un cepillado agresivo y sigues cepillando igual, el tejido nuevo se irá por el mismo camino. Por eso dedicamos parte de la cita a rehacer tu técnica.
La segunda es el grosor conseguido. Una encía gruesa resiste, una fina vuelve a ceder. Ganar volumen da más estabilidad al resultado que la altura de cobertura lograda el día de la cirugía.
¿Hay alternativas al injerto?
Depende del punto en que estés. En recesiones incipientes, sin sensibilidad relevante y sin progresión demostrada, cabe el control periódico: corregir la técnica de cepillado, eliminar el factor causal y medir cada seis meses. Si no avanza, no hay que operar.
Para la sensibilidad existen barnices y pastas desensibilizantes, y para el aspecto del cuello hay restauraciones con composite. Ambas alivian el síntoma sin aportar tejido ni frenar la recesión, así que funcionan como acompañamiento.
Cuando la recesión avanza, hay pérdida de encía queratinizada o el defecto compromete la estética, el injerto es la única vía que devuelve tejido.
Pide tu valoración
Cada milímetro de raíz expuesta es más sensibilidad, más riesgo de caries radicular y un margen gingival más débil. Y el tejido perdido no vuelve por su cuenta.
En Barbón Odontología Avanzada contamos con periodoncistas formados en cirugía mucogingival y con la instrumentación para trabajar con técnicas mínimamente invasivas. Atendemos en nuestras clínicas de Gijón y de Posada de Llanera.
Solicita una valoración de tus encías retraídas. Medimos la recesión, identificamos por qué se produjo y te decimos si tu caso necesita cirugía o basta con controlarlo. Cuanto antes se frene, menos tejido hay que reconstruir después.